La Homosexualidad no es una enfermedad, es una orientación sexual
La actividad sexual con una persona del mismo sexo no se considera necesariamente homosexualidad como orientación sexual, sino un comportamiento homosexual. No todos los que desean a personas del mismo sexo se identifican como homosexuales o bisexuales.
Se le llama homosexual a la persona que siente atracción erótica hacia las personas de su mismo sexo, pero que se sabe miembro de su sexo; a diferencia del trans-sexual que se siente atraído hacia las personas de su sexo, pero que se cree miembro del sexo complementario y que por lo tanto también cree que está erróneamente en ese cuerpo.
Nosotros consideramos que las personas que se sienten atraídas por personas del mismo sexo sufren de un desorden emocional condicionado por distintas razones, y aunque cada persona es única e irrepetible, su homosexualidad suele depender más frecuentemente de las siguientes causas:
- Padre violento, alcohólico, hostil o distante
- Madre sobreprotectora
- Madre con trastornos emocionales que no transmite cariño adecuadamente
- Timidez extrema casi siempre condicionada por un mal desarrollo físico, como niños muy delgados o muy obesos
- Ausencia de la figura paterna del hogar por muerte o divorcio, sobre todo si se produce en etapas críticas del desarrollo
- Falta de identidad con iguales del mismo sexo
- Abuso sexual o violación
- Ausencia de juegos de participación
- Padres que no fomentan la identificación con su propio sexo
La Iglesia siempre ha enseñado que el acto homosexual es un pecado grave. La Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) declaró en 1975: "Según el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales son actos privados de su regla esencial e indispensable. En la Sagrada Escritura están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios". (CDF, Declaración "Persona humana" sobre algunas cuestiones de ética sexual, número 8, 1975.)
La Iglesia distingue entre la inclinación homosexual y la actividad homosexual. La primera no es pecado en sí misma (aunque inclina al pecado); la segunda sí lo es. La Iglesia condena el pecado, pero trata con misericordia al pecador. (Ibíd.)
Las personas con tendencias homosexuales deben mantener una vida casta como todo católico. La Iglesia no discrimina al homosexual, aunque ciertos derechos podrían ser limitados por desórdenes externos de conducta. "Existen áreas en las que no es una discriminación injusta tener en cuenta la inclinación sexual, por ejemplo, en la adopción o el cuidado de niños, en empleos como el de maestros o entrenadores de deportes y en el reclutamiento militar." (CDF, Consideraciones para la respuesta católica a propuestas legislativas de no discriminación a homosexuales, número 11, 1992.) De la misma manera que un heterosexual que tenga relaciones sexuales fuera del matrimonio, una persona que practique el homosexualismo tampoco puede recibir la comunión hasta que no confiese sus pecados a un sacerdote.
